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Biólogo peruano declarado culpable de difamación, por criticar el estudio científico de compañera

(English intro to Spanish lang. post) SciDev brings us a shocking story about the scientific and legal dispute between two biologists, and how it has played in the press, in Peru. In 2007 “El Comercio” reported that a researcher had found illegal transgenic maize in a Peruvian Valley. Two months later, another scientist severely criticized the methods and conclusions used, and took the newspaper to task for writing about a study that has not been published in a peer reviewed journal. We strongly reject this second critique, and defend our obligation to cover more than what appears in scientific magazines. We applaud the criticism he did on the study, though. But listen to this: he was accused of defamation and sentenced to pay a fine in Lima. The SciDev story in English here.

Curiosa situación científico-periodística-política-legal la acontecida en Perú alrededor de un científico declarado culpable de difamar a una compañera por su estudio sobre transgénicos en tierras peruanas, y que descubrimos en SciDev gracias a un muy buen artículo de Paula Leighton: “Científicos apoyan a biólogo peruano declarado culpable”. Da jugo para comentar algunos aspectos. Empecemos.

Se ve que en 2007 El Comercio publicó una nota de Marienella Ortiz Ramírez “En el Valle de Barranca ya existen cultivos transgénicos” explicando que la catedrática Antonietta Gutiérrez tomó 42 muestras de maíz del Valle de Barranca, analizó su ADN, y encontró que 14 eran variedades modificadas genéticamente; algo que está prohibido en Perú. En el artículo un ecólogo respalda la credibilidad y profesionalismo de esta profesora de genética, y las autoridades competentes no rechazan los datos aportados por la científica. Gutiérrez dice que su posición no es antitransgénicos, pero exige mucho más control y restricciones.

Dos meses después, el entonces decano del colegio de Biólogos Ernesto Bustamante escribió una dura crítica a la científica y a la periodista diciendo que la nota no presentaba resultados ni hacía referencia a un artículo publicado en una revista científica, “lo que es requisito ético previo para que un científico divulgue mediáticamente algún hallazgo”, dijo. ¡Falso! ¡Falso! ¡Falso! Este es un primer aspecto a considerar: ¡Faltaría más que sólo pudiéramos reportar sobre lo que aparece publicado en las –también con conflictos de intereses y repletas de errores- revistas científicas! No hay duda que un artículo que ha superado la criba de la revisión independiente es más confiable que las palabras e inseguros datos de Antonietta Gutiérrez. Pero ¡claro que podemos –y debemos- escribir sobre ellos! El periodismo científico no está al servicio de la comunidad científica, ni tiene porqué seguir sus normas. Si una catedrática de Universidad con prestigio reconocido asegura haber encontrado transgénicos tenemos obligación de –manteniendo ciertas reservas- dar la noticia. No nos debemos sentir forzados en absoluto a esperar 3 o 4 años a que una revista científica dé su visto bueno. ¡faltaría más!

Por tanto, desde aquí rechazamos la crítica a la periodista por cubrir una información no demostrada suficientemente. ¿Y las críticas a la científica? Aquí hay todavía más controversia: una vez la discusión se centra sólo en aspectos científicos, Ernesto Bustamante tiene todo el derecho –y obligación profesional- de criticar el estudio de Antonietta Gutiérrez si cree que el procedimiento está lleno se “errores groseros” y transmite “falsas e incoherentes conclusiones”, como escribe en su hiriente columna. Tan hiriente –y aquí llega lo sorprendente- que Gutiérrez le demandó por difamación, un juzgado lo consideró culpable, y no llegó a la cárcel –se ve que en Perú la difamación es delito penal condenado con prisión- siempre que pague una multa y no salga de Lima sin permiso. ¿¿Pero esto qué es?? El tono de Ernesto Bustamante puede ser ofensivo, pero las críticas que hace en su columna son de fondo científico, y transmiten una defensa noble de la rigurosidad en la investigación. Y eso –además de loable- es imprescindible tanto dentro de la comunidad científica como fuera. Desde aquí, nos parece aberrante que se haya declarado culpable a Ernesto. Si algo diferencia a lo científicos de los parciales abogados y políticos, es su teórico respeto a la búsqueda de la verdad de manera imparcial y armados con datos objetivos. Para ser constructiva, la discusión debería haber seguido por estos derroteros. Y hubiera estado genial que la sociedad pudiera haberla seguido, dándose cuenta de lo imperfecta que es esta actividad humana que llamamos ciencia, y como todas también está contagiada de nuestras debilidades.

- Pere Estupinyà

(*) También en SciDev, interesante y relacionado artículo de Luisa Massarani “Aumento de transgénicos no supone amplia aceptación” explicando que los cultivos modificados genéticamente no han supuesto beneficios para los pequeños agricultores ni gozan de más aceptación social en Brasil y Argentina. Buen repaso a la historia de la implantación de esta tecnología.

(**) No relacionado en absoluto, no podemos contenernos de citar un clarísimo ejemplo de cómo transformar un estudio que establece la asociación “las personas que se cepillan menos los dientes sufren más enfermedad coronaria”, en la relación directa “Cepillarse poco los dientes aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas”. Sabemos de sobra que una asociación así no demuestra causa-efecto, sólo propone una nueva hipótesis. Pero continuamos cayendo en el error. Puede haber factores ocultos que interfieran, y los mismos autores aseguran que “se necesitan nuevos estudios experimentales para confirmar si la asociación observada entre higiene oral y enfermedades cardiovasculares es casual o simplemente, un marcador de riesgo”. Ejemplo de libro.

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