website statistics

Premio FECYT al mejor artículo de ciencia en España, robots mexicanos, olores en Perú, aluminio en Puerto Rico y debate en Chile sobre quien fue el primer científico de la historia

(English intro to Spanish lang post). Pedro Cáceres from El Mundo has won the $4.000 award for the best science story published in the Spanish press. He describes a cliff on the northern coast of Spain. In it geologists are able to identify clean layers of sediments that reflect the last 65 million years of the history of the Earth. The two-page story focuses on the 2-3 millimeters layer with iridium and deposits of the cloud generated by the meteorite that contributed to the extinction of dinosaurs. But it also describes inversions of the magnetic poles, significant changes in sea level, signs of extinctions, “rapid” warming of the planet (5 degrees in 50.000 years 60Ma), and it has marvelous infographics. What a coincidence that the award has been announced the same day that NASA suggests that the meteorite that caused the extinction of dinosaurs had not the origin planetary scientists previously supposed.

From Latin America we track today stories in about physiology of smell and fabrication of perfumes in Perú. The quest for artificial intelligence by Mexican robotic engineers. A story about how aluminum and other materials affected 20th century in Puerto Rico. And a nice discussion in Chile about who was the first scientist in history. A new book by an Italian author proposes Anaximander, even though he didn’t perform experiments.

Excelentísimo el reportaje de Pedro Cáceres “La playa Vasca donde se puede tocar el meteorito que mató a los dinosaurios” (suplemento Eureka – El Mundo) que se llevó los 3.000 euros del primer premio en la categoría  de prensa escrita del Certamen de Comunicación Científica convocado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Felicidades sinceras a Pedro, porque de verdad el reportaje lo tiene todo: Pedro acompaña a un geólogo hasta un acantilado de la costa Vasca donde se puede reconstruir la historia de los últimos 65 millones de años de la Tierra a través de las diferentes capas de estratos que los accidentes geológicos han dejado a la luz. Quizás el más llamativo de estos estratos es la fina capa de 2 o 3 milímetros de grosor con los materiales que se depositaron por toda la superficie del planeta tras la inmensa nube generada por el impacto de un gigante meteorito que causaría un cambio en las temperaturas globales y extinguiría a los dinosaurios. El artículo describe muy bien la abundancia del iridio propio de meteoritos encontrado en esa capa, analiza el rechazo inicial a esta teoría por el gradualismo imperante en la época, y ve restos de la extinción del 75% de animales marinos en capas inmediatamente posteriores. Pero también describe otras pruebas de la inversión de polos magnéticos de la Tierra, de bajadas del nivel del mar, del “rápido” calentamiento hace 56 millones de años que subió la temperatura del planeta 5 grados en 50.000 años (bien matizado que sólo en el siglo XX ha subido un grado), y cuenta con una magnífica infografía de Adolfo Arranz sobre las 5 grandes extinciones y los diferentes eventos durante y después de la caída del meteorito. Justo merecedor del premio.

Un meteorito que… ¡no es de donde nos pensábamos! Justo la NASA acaba de anunciar que posiblemente vino de una procedencia diferente a la sospechada (familia Baptistina). ABC presenta una buena nota sobre el tema, pero con una presentación engañosa. Judit de Jorge titula “el culpable de matar a los dinosaurios fue otro”, y subtitula “La NASA cree imposible que un asteroide Baptistina causara la gran extinción del Cretácico hace 65 millones de años y reconoce que el misterio sigue sin resolver”. ¿Qué entendéis leyendo esto? Que lo que está en entredicho es que la extinción de los dinosaurios fuera causada por un meteorito. Cierto que el texto completo de Judith deja muy claro que no hay duda sobre eso, y sólo se refiere a la procedencia del meteorito. Pero quizás el titulardebería haber sido menos ambiguo.

Destacando algunas otras notas desde América Latina, en El Comercio (Perú) el carismático Tomás Unger nos vuelve a ilustrar con “Olfato, olores y perfumes”, mostrando su impresionante capacidad para introducir en una docena de cortos párrafos tanta información sobre la fisiología del olfato, la historia de los olores y la fabricación de perfumes; un sentido que solemos decir la sociedad moderna ha atrofiado en nuestra especie pero que despierta de repente al mínimo indicio de olor a quemado o comida podrida. Nuestra carga evolutiva todavía sabe distinguir lo importante de lo superfluo.

El Nuevo Día (Puerto Rico) continúa ofreciendo buenos textos de científicos locales, en este caso de Francisco Echegaray sobre “El aluminio, un material multiusos”. Más allá de la información presentada, una buena declaración de principios sobre la importancia de la química en la elaboración de nuevos materiales que han transformado el mundo. Algo a lo que quizás los más jóvenes ya están acostumbrados y no suelen valorar. Buena y merecida lanza a favor de la química.

Un pelín confuso pero buen texto en El Universal “Golem II+, robot mexicano que aprende” sobre las reflexiones técnico-filosóficas de expertos en inteligencia artificial para ir más allá de poner una cámara en un robot para que “vea”, sensores para que “oiga”, o un sistema de navegación para que se desplace. Quieren que “piense”, y saber cómo y en qué piensa. Muchos paralelismos a Asimos y datos históricos que enriquecen la lectura, pero que quizás diluyen el mensaje principal del artículo.

Y para terminar con toque filosófico una reflexión que cautivó la mente dispersa del tracker: Aristóteles fue quizás el filósofo más influyente de la historia. Un naturalista que observaba la naturaleza y seguía a la lógica para entenderla sin necesidad de recurrir a fenómenos paranormales. Toda una revolución. Pero a esta observación le faltaba algo: la experimentación. Por lógica podía creer que la función del cerebro era refrigerar el cuerpo, que la materia era continua y se podía dividir sin límite, que existía la generación espontánea de insectos, y que el Sol daba vueltas alrededor de la Tierra. Eso era lo lógico al utilizar sólo la observación. La experimentación mucho tiempo después le rebatiría. Por eso a pesar de su fabulosa filosofía natural no puede considerarse todavía un científico. Esa categoría aparecería siglos más tarde con Copérnico, Galileo, la duda metódica de Descartes, Francis Bacon… Pero en La Tercera (Chile) encontramos esta semana un bonito texto de Jennifer Abate “El primer científico de la historia no fue Pitágoras” en el que nos presenta un (para mi desconocido) Anaximandro como primer científico de la historia. La tesis viene del libro de un físico italiano que asegura que Anaximandro se sirvió de escepticismo y observación analítica para interpretar el funcionamiento del clima y deducir ya 600 años a. C. que todos los animales procedían de un ancestro común. Además, Jennifer explica que utilizaba una varilla para medir sombras en diferentes épocas del año (recuerda la manera como posteriormente Eratóstenes midió el radio de la Tierra). Por lo que se intuye en el texto, tampoco utilizaba la experimentación, y no entraría dentro de la categoría más estricta de científico. Es opinable. Pero interesante texto sin duda que logra ampliar las barreras espacio tiempo de nuestra mente.

- Pere Estupinyà

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.